Hasta ahora hemos hablado de dos perfiles que suelen manifestar un liderazgo más intenso: el Ejecutor y el Promotor. Son personas que tienden a avanzar, decidir, impulsar y tomar la iniciativa con mayor intensidad.
Pero ahora entramos en un territorio diferente: el de los perfiles de trato fácil, representados por el Analítico y el Empático Facilitador.
En estos perfiles aparece con mayor frecuencia una tendencia a buscar el consenso, evitar el conflicto y, en determinadas circunstancias, ser más complacientes. Puede aparecer también una pregunta silenciosa que muchas veces condiciona nuestras decisiones: “¿Qué van a pensar los demás?”
Y esto es importante, porque no necesariamente significa falta de liderazgo. Muchas veces significa que la persona necesita sentirse segura antes de avanzar, necesita analizar más, escuchar otras opiniones o preservar la armonía del grupo. El problema aparece cuando esa necesidad de armonía comienza a pesar más que la propia capacidad de decidir.
En mis conferencias esto se vuelve especialmente evidente. Imaginemos un auditorio de 100 personas. Muchas veces les pido que identifiquen su perfil y, cuando aparecen los Ejecutores, encontramos aproximadamente 10 personas. Lo mismo sucede con los Promotores: alrededor de 10. Incluso los hago levantarse y reunirse para que puedan verse entre ellos.
Luego aparecen aproximadamente 30 Analíticos.
Y cuando miramos al resto del auditorio, nos encontramos con los Empáticos Facilitadores: alrededor de 50 personas, es decir, el 50 %.
Comprender esto no es para etiquetarnos. Es para reconocer una tendencia: ¿estoy tomando decisiones porque realmente considero que es lo mejor, o porque necesito evitar el conflicto, la desaprobación o el “qué dirán”?
Ahí comienza una de las conversaciones más importantes sobre liderazgo: aprender a ser una persona de trato fácil sin convertir la complacencia en una limitación para liderar.